Mi experiencia de tres semanas sin YouTube: cómo los algoritmos generan adicción
La autora, bajo el seudónimo Benedicta la adicta, relata en primera persona su lucha contra la adicción a YouTube. Comenzó de manera casual un sábado por la tarde, atraída por la promesa de entretenimiento inofensivo, pero pronto quedó atrapada por el diseño algorítmico de la plataforma. Lo que engancha no es la calidad constante del contenido, sino la alternancia impredecible entre momentos buenos y mediocres, lo que genera una expectativa continua: el cerebro aprende a persistir porque ‘la siguiente puede ser la buena’. Describe noches enteras consumiendo vídeos sin darse cuenta, hasta la madrugada, sintiendo después frustración por el tiempo perdido y la ausencia real de disfrute pleno. Su pareja le reprochó su falta de presencia emocional, lo que ella usó como excusa para refugiarse más en la pantalla. Se convencía de que controlaba el hábito, que lo hacía con criterio y que podía parar cuando quisiera, racionalizaciones típicas en este tipo de problemas. Un día llegó tarde a un evento importante porque su mente estaba ya en volver a casa para ver más vídeos, momento en que reconoció que algo estaba roto. Tras tres semanas limpia, sin síndrome de abstinencia físico pero con una fuerte tentación mental constante (‘solo una vez más’), acudió a un grupo de apoyo donde encontró personas de perfiles muy diversos que compartían la misma sensación de haber perdido el control sin notarlo. El texto critica el diseño intencional de las plataformas para dificultar la salida y destaca que el problema no reside en la debilidad personal, sino en cómo está construido el sistema. En un día complicado, con estrés laboral y pérdidas menores, resistió la tentación recurriendo a llamadas, caminatas y distracciones saludables, aunque la lucha persiste.
