Sánchez impulsa una alianza europea para regular las redes sociales y proteger a los menores
El Gobierno de Pedro Sánchez ha intensificado su ofensiva política contra las grandes plataformas digitales con el objetivo de regular el funcionamiento de las redes sociales en Europa, especialmente por su impacto en los menores y en la calidad del debate público. El presidente considera que internet se ha convertido en una especie de “Estado fallido”, dominado por algoritmos opacos que fomentan la desinformación, el odio y la polarización, y plantea esta cuestión como una de las grandes batallas políticas del siglo XXI.
España está liderando, junto a Francia y Grecia, una iniciativa europea para prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años. A esta propuesta se han sumado varios países más, tanto gobernados por progresistas como por conservadores, lo que evidencia una preocupación transversal en la Unión Europea. La Comisión Europea, además, ha señalado recientemente a TikTok como una plataforma con dinámicas altamente adictivas, obligándola a modificar su funcionamiento.
El Ejecutivo español también confía en que la Fiscalía actúe de forma similar a la francesa, que investiga a la red social X por posibles delitos relacionados con la pornografía infantil. Aunque en España no existe todavía el delito de manipulación de algoritmos, el Gobierno estudia reformar el Código Penal para incorporarlo. Paralelamente, el Ministerio de Transformación Digital ha desarrollado un sistema de verificación de edad que está listo para su implantación.
Los datos que maneja La Moncloa refuerzan su posición: en 2025 se detectaron más de 845.000 contenidos de odio en redes españolas, de los cuales solo se retiró el 41%. Además, las llamadas de ayuda a menores aumentaron un 41% entre 2023 y 2024, y el Eurobarómetro refleja que una amplia mayoría de ciudadanos percibe la desinformación y el odio como un problema grave.
Este enfrentamiento con gigantes tecnológicos como X o Telegram ha generado un notable interés internacional por la figura de Sánchez, que busca aprovechar el foco exterior para reforzar su liderazgo político y reactivar a un electorado progresista desmovilizado, en un contexto de avance de la ultraderecha en Europa y América.
