El diseño sistémico de las redes sociales dificulta la desconexión, especialmente entre jóvenes
El artículo analiza por qué resulta tan complicado abandonar o reducir el uso de las redes sociales, especialmente para jóvenes y adolescentes. Según un estudio reciente, un 30 % de los jóvenes se plantea eliminar estas aplicaciones, pero pocos lo consiguen de forma duradera debido al aislamiento social que genera. El problema no radica en la falta de voluntad individual, sino en un sistema diseñado para fomentar el consumo constante: las plataformas forman parte integral de la sociedad actual, donde se gestionan trámites cotidianos, relaciones y ocio.
Más allá de la adicción dopaminérgica, se trata de un consumo compulsivo con impactos cognitivos, neurológicos, sociológicos, económicos e ideológicos. Las redes no son un ‘otro’ mundo, sino el entorno natural en el que se construye la identidad personal y social. Los menores acceden a ellas a los 12 años y consumen una media de cuatro horas diarias, recibiendo miles de contenidos saturados y algorítmicamente filtrados por empresas privadas priorizando beneficios.
Esto afecta especialmente durante la etapa de desarrollo del pensamiento abstracto (11-15 años), distorsionando la percepción de la realidad y el bienestar emocional (depresión, ansiedad, baja autoestima). El texto propone no estigmatizar como ‘adicción’ algo promovido por la economía y los estados como paradigma social, sino abordar un cambio civilizatorio mediante legislación responsable, supervisión de algoritmos, educación emocional y técnica en el sistema educativo, y concienciación familiar y colectiva para gestionar este nuevo ecosistema digital.
