¿Estamos preparados para vivir sin contraseñas?

Las passkeys avanzan como alternativa segura a las contraseñas tradicionales
Foto: El País

Las passkeys avanzan como alternativa segura a las contraseñas tradicionales

Durante décadas, las contraseñas han sido el mecanismo básico para acceder a servicios digitales tan cotidianos como el correo electrónico, las redes sociales o la banca online. Sin embargo, su fragilidad frente a ataques como el phishing, la costumbre de reutilizarlas y la dificultad para gestionarlas de forma segura han impulsado a empresas tecnológicas y administraciones públicas a buscar alternativas más robustas. En este contexto, las llamadas passkeys se presentan como la opción con mayor respaldo.

Las passkeys son credenciales digitales basadas en criptografía de clave pública que permiten autenticar al usuario sin necesidad de introducir ni recordar una contraseña. El proceso se apoya en el propio dispositivo del usuario, que valida la identidad mediante biometría —huella dactilar o reconocimiento facial— o un PIN local. De este modo, la clave privada nunca se comparte ni viaja por internet, lo que reduce drásticamente el riesgo de robo de credenciales.

La adopción de este sistema ya es significativa: se estima que más de 15.000 millones de cuentas permiten iniciar sesión con passkeys, y compañías como Google, Amazon o Apple han integrado este método en sus servicios. Incluso algunos gobiernos, como el alemán, exploran su uso en servicios públicos, acompañándolo de guías para facilitar la transición.

Pese a estas ventajas, el cambio no es inmediato. Desde el punto de vista tecnológico, no todas las plataformas están preparadas y los desarrolladores deben adaptar infraestructuras ya existentes. A ello se suma un factor clave: el desconocimiento de buena parte de la población, que sigue confiando en contraseñas tradicionales o en métodos débiles como los códigos enviados por SMS.

La conclusión es que la tecnología para vivir sin contraseñas ya está madura y cuenta con un fuerte respaldo industrial, pero su implantación total dependerá tanto de la extensión de estas soluciones como de la confianza y la educación digital de los usuarios. Además, será necesario abordar con cuidado los nuevos retos en seguridad y privacidad que acompañan a este cambio.

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