Nu Quantum apuesta por la computación cuántica distribuida para escalar los ordenadores del futuro
La física madrileña Carmen Palacios-Berraquero, fundadora y directora de Nu Quantum, defiende que la computación cuántica está a las puertas de un salto decisivo y que el reto principal ya no es solo crear más cúbits, sino conectarlos de forma eficiente. Su empresa, nacida en 2018 a partir de una patente desarrollada en el laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge, propone un modelo de computación cuántica distribuida basado en fotónica, que permite interconectar varios procesadores cuánticos más pequeños y robustos en lugar de construir un único ordenador gigantesco y extremadamente complejo.
El principal obstáculo de la computación cuántica es la fragilidad de los cúbits, muy sensibles al ruido y a las interferencias. A medida que aumenta su número, también lo hace la dificultad técnica para mantenerlos estables. La solución de Nu Quantum consiste en usar la luz como medio de transmisión de información cuántica, lo que permite que distintos procesadores trabajen de forma coordinada, incluso a distancia, y sin necesidad de mantener todo el sistema a temperaturas cercanas al cero absoluto.
Este enfoque, similar al modelo de crecimiento modular de la computación clásica y la nube, ha atraído una fuerte inversión: alrededor de 75 millones de euros en menos de cinco años, incluyendo una reciente aportación del Gobierno de España de casi 10 millones. La empresa ya ha facturado más de 11 millones de dólares en los últimos dos años y se considera líder mundial en redes cuánticas.
Nu Quantum planea establecer una sede en España, con la contratación inicial de unas 35 personas y colaboraciones con distintos polos tecnológicos. Palacios-Berraquero subraya que el país cuenta con talento y centros de excelencia en fotónica y supercomputación, lo que facilita la integración de tecnologías cuánticas.
Según la investigadora, la llamada supremacía cuántica —cuando un ordenador cuántico supere claramente a uno clásico en un problema relevante— podría demostrarse hacia 2027, y las primeras aplicaciones comerciales llegarían a finales de la década. Para no perder esta oportunidad, insiste en que Europa y España deben actuar con rapidez y de forma coordinada, apostando por alianzas industriales y un mercado global.
