Un día en el TikTok de un adolescente de 13 años: así pone el algoritmo en peligro a menores vulnerables

El algoritmo de TikTok y su impacto en la salud mental de adolescentes vulnerables
Foto: El País

El algoritmo de TikTok y su impacto en la salud mental de adolescentes vulnerables

Un experimento realizado por EL PAÍS con dos cuentas ficticias de adolescentes de 13 y 15 años revela cómo el algoritmo de TikTok puede exponer rápidamente a menores a contenidos potencialmente dañinos para su salud mental y física. A pesar de que la plataforma asegura contar con más de 50 medidas de seguridad para adolescentes, los expertos consultados coinciden en que estas barreras resultan insuficientes frente a un sistema de recomendación que refuerza el malestar emocional.

En cuestión de minutos, y tras unas pocas interacciones, las cuentas empezaron a recibir vídeos que banalizan la autolesión, normalizan el suicidio y promueven conductas de riesgo, incluidos trastornos de la conducta alimentaria. Psicólogos y profesionales de la salud mental advierten de que este tipo de exposición repetida puede generar un “bucle algorítmico” que refuerza la vulnerabilidad, favorece la imitación y dificulta que los menores busquen ayuda en su entorno cercano.

El contexto es especialmente preocupante si se tiene en cuenta que TikTok es la red social más utilizada por adolescentes en España, con un uso medio diario de casi dos horas. La Comisión Europea ha señalado preliminarmente que la plataforma podría estar incumpliendo la Ley de Servicios Digitales por su diseño adictivo y por la ineficacia de sus herramientas de control parental. De confirmarse, TikTok se enfrentaría a sanciones millonarias.

El reportaje también pone el foco en la falta de una verificación de edad eficaz, la facilidad para esquivar la moderación mediante códigos y términos alternativos, y la normalización social del acceso precoz a redes sociales. Aunque TikTok muestra mensajes de ayuda y teléfonos de apoyo al buscar ciertos términos, los expertos insisten en que la responsabilidad no puede recaer solo en las familias. Reclaman mayor regulación, alfabetización emocional y una asunción clara de responsabilidades por parte de las plataformas, especialmente cuando su tecnología tiene capacidad para amplificar riesgos en poblaciones vulnerables.

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