Las baterías LFP ganan protagonismo en los coches eléctricos por su coste, seguridad y durabilidad
Las baterías de litio-ferrofosfato (LFP) están consolidándose como una opción preferida en el segmento de los coches eléctricos más asequibles. Frente a las tradicionales baterías NMC, las LFP ofrecen mayor seguridad, una vida útil más larga y un coste de producción significativamente menor, a pesar de tener una densidad energética algo más baja. Gracias a los avances tecnológicos, esta desventaja se ha reducido, alcanzando actualmente entre 130 y 160 Wh/kg, frente a los 230-250 Wh/kg de las NMC. Su estabilidad térmica también permite cargas rápidas sin comprometer la seguridad, como lo demuestra el Zeekr 7X, capaz de cargar del 10 al 80% en solo 13 minutos. La tecnología Blade de BYD incluso permite cargas de hasta 1.000 kW, recuperando 400 km en cinco minutos. Otro aspecto relevante es la sostenibilidad: las baterías LFP no utilizan cobalto, cuya extracción genera controversias éticas y medioambientales. Fabricantes como Tesla, VW, Renault, BMW y Mercedes ya están incorporando estas baterías en sus modelos de acceso. El auge de esta tecnología, liderado inicialmente por marcas chinas, está siendo adoptado también por la industria europea, marcando un nuevo estándar en la movilidad eléctrica accesible, segura y duradera.
