Las infraestructuras del futuro apuestan por la sostenibilidad, la digitalización y la resiliencia
Uno de los asuntos centrales del encuentro fue la necesidad de mejorar la transparencia y la colaboración entre las administraciones públicas y las empresas. Los modelos contractuales más flexibles, como los sistemas de libros abiertos, permiten compartir información económica, anticipar riesgos y resolver dificultades antes de que provoquen retrasos o sobrecostes. Asimismo, planificar el mantenimiento durante todo el ciclo de vida de una infraestructura puede contribuir a reducir los costes y prolongar su utilidad.
La digitalización también desempeña un papel decisivo. La inteligencia artificial, los sensores y los gemelos digitales permiten supervisar instalaciones, detectar anomalías y anticipar reparaciones. En el transporte, la integración de distintos medios de movilidad y la automatización de los servicios públicos pueden facilitar los desplazamientos y aprovechar mejor las redes existentes. El proyecto SIMPLE, relacionado con la digitalización de la logística portuaria española, constituye un ejemplo de esta transformación.
La adaptación al cambio climático representa otro gran desafío. Las inundaciones, las sequías, las olas de calor y otros fenómenos extremos obligan a diseñar sistemas capaces de mantener sus funciones esenciales y recuperarse ante situaciones adversas. Para ello, es necesario coordinar infraestructuras de transporte, energía, agua y telecomunicaciones, teniendo en cuenta sus interdependencias.
Los participantes también defendieron el desarrollo de infraestructuras regenerativas, capaces de aportar beneficios ambientales y sociales, además de reducir su impacto. Entre las soluciones mencionadas figuran el almacenamiento hidroeléctrico reversible, que facilita la integración de energías renovables, y la expansión de los autobuses eléctricos en Santiago de Chile. En Perú, proyectos como el puerto de Chancay y los corredores multimodales buscan mejorar la conexión entre regiones y mercados.
España cuenta con experiencia internacional en ingeniería, transporte y logística, factores que favorecen la inversión extranjera. Sin embargo, mantener esta posición exige modernizar las instalaciones, reforzar la ciberseguridad y desarrollar nuevas capacidades tecnológicas. La conclusión compartida es que el éxito de las infraestructuras no debe medirse únicamente por su tamaño, sino por su capacidad para resolver necesidades reales, mejorar los servicios públicos y generar valor duradero para la sociedad y el planeta.
