La movilidad eléctrica y sostenible exige infraestructuras y planificación urbana adaptadas
La movilidad eléctrica ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad cotidiana, con coches y motos eléctricas, aplicaciones de rutas y más de 50.000 puntos de recarga en España. Sin embargo, su implantación no solo depende de la tecnología, sino también de la operatividad, la planificación urbana y la equidad en el acceso. Expertos destacan que muchos puntos de recarga están instalados pero no funcionan, lo que genera desconfianza en los usuarios. La ansiedad por la autonomía se ve agravada si la red de carga es poco fiable, concentrándose únicamente en grandes arterias y dejando fuera zonas periféricas. Además, la falta de garajes en residencias antiguas hace necesario pensar la recarga como un servicio urbano básico, similar al alumbrado público o el saneamiento, evitando la desigualdad entre barrios de distintas rentas. Paralelamente, la transición a vehículos eléctricos no reduce por sí sola la congestión ni el consumo de espacio; se promueve la micromovilidad, motos eléctricas y microcoches como soluciones más eficientes para trayectos urbanos cortos. La movilidad compartida y el acceso por uso, en lugar de la propiedad, se presentan como alternativas clave. La electrificación se considera imprescindible, pero insuficiente: requiere integración urbana, cultural y regulatoria para que la ciudad se mueva de manera más limpia, eficiente y equitativa.
