La extrema derecha impulsa bulos y campañas coordinadas tras el accidente ferroviario de Córdoba
Tras el choque mortal de dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba), que ha causado al menos 39 fallecidos, las redes sociales se han visto inundadas por una oleada de desinformación impulsada por agitadores de extrema derecha. Pocas horas después del accidente comenzaron a circular mensajes que atribuían directamente la tragedia al Gobierno de Pedro Sánchez, mezclando datos falsos, medias verdades y teorías de negligencia criminal.
Entre los principales difusores de estos bulos destacan figuras habituales de la desinformación digital como Javier Negre, Vito Quiles y el eurodiputado Alvise Pérez. Estos perfiles difundieron mensajes sobre supuestos regalos millonarios a países como Marruecos, Uzbekistán o Egipto para infraestructuras ferroviarias, ocultando que se trataba de préstamos reembolsables y vinculados a contratación con empresas españolas. El objetivo no era informar, sino fijar un marco narrativo de corrupción y abandono deliberado de las infraestructuras nacionales en un momento de fuerte conmoción social.
El análisis de cientos de mensajes en Telegram realizado por el experto en ciberseguridad Marcelino Madrigal apunta a una posible coordinación entre cuentas, con publicaciones simultáneas y un foco claro en señalar al ministro de Transportes, Óscar Puente, como responsable directo. Esta narrativa coincide con el discurso político de Vox, cuyo líder, Santiago Abascal, ha empleado un tono incendiario para vincular el accidente con un supuesto “Gobierno mafioso”.
La desinformación no se ha limitado a ataques políticos. También se han difundido imágenes descontextualizadas de periodistas y cargos públicos, así como fotografías falsas generadas por inteligencia artificial, algunas incluso publicadas por medios que posteriormente las retiraron y pidieron disculpas. El patrón, según el artículo, es conocido: tragedias recientes como la dana de Valencia o los disturbios racistas de Torre Pacheco ya fueron utilizadas para amplificar odio, bulos y desconfianza institucional.
El caso de Adamuz vuelve a evidenciar cómo las catástrofes se convierten en terreno fértil para campañas de manipulación digital, donde lo emocional se impone a lo racional y la verdad queda relegada frente a la viralidad.
