Qué miden los wearables y cómo ayudan a conocer mejor nuestra salud
Los dispositivos wearables, como los relojes inteligentes, anillos o pulseras de actividad, se han convertido en herramientas habituales para el seguimiento de la salud y el bienestar. Aunque no son dispositivos médicos y sus datos no sustituyen a un diagnóstico profesional, permiten conocer tendencias corporales y optimizar aspectos como el descanso, el entrenamiento o la detección temprana de alteraciones físicas. Entre las principales variables que estos aparatos registran se encuentran la frecuencia cardíaca (FC) y su variabilidad (HRV), indicadores clave del estado físico, del nivel de estrés o de la capacidad de recuperación. Asimismo, muchos modelos estiman la saturación de oxígeno en sangre (SpO₂), el VO₂ máximo o capacidad aeróbica, el sueño y sus fases, o incluso la temperatura corporal durante la noche, útil para identificar cambios hormonales o señales de enfermedad. Algunos wearables también ofrecen electrocardiogramas (ECG) y seguimiento del ciclo menstrual y de la salud femenina. Estos datos pueden ayudar a interpretar señales fisiológicas relacionadas con la fatiga, el estrés o el esfuerzo deportivo, así como a mejorar la higiene del sueño o planificar rutinas más equilibradas. En definitiva, los wearables representan una vía accesible para conocer mejor el propio cuerpo y promover hábitos saludables, siempre entendiendo que no reemplazan la valoración médica.
